marzo 3, 2017 picapino

El baño de Natalia con fotos buenas, de las que da gusto mirar

Os pego un post que escribí hace mucho porque estoy organizando bien nuestro archivo fotográfico y en su día no lo puede ilustrar con fotos buenas, de las que nos hace Jimena Roquero.

Natalia es una de nuestras clientes estrella y su casa es preciosa, además de un museo Picapino. Hace poco se hizo una reforma completa y dejó como los chorros del oro una casa que antes era de abuela total (con todos mis respetos a las abuelas). Sacó luz, pintó, tiró muros, puso unos suelos de esos que quieres ir reptando todo el rato, quitó el gotelé antes de que lo prohíba la OMS, pintó las puertas en blanco porque no tiene niños… Un escándalo.

Pero por alguna razón extraña que nadie llegó a comprender, dejó el baño tal y como estaba en su origen. Los vestigios primigenios de la casa que un día fue. Así que el simple acto de entrar a lavarse las manos era como una visita al Museo Antropológico, o como subirse al DeLorean y retroceder unos años y plantarte en pleno pasado. Sobrecogedor en suma y un reto para tu suelo pélvico, porque se te cortaba hasta el pis, con perdón. Una especie de atmósfera negativa entre tanto bonitismo que no se podía ni aguantar. Hola k ase con ese baño feo, alma de cántaro.

De modo que cuando me llegó el Whatsapp diciéndome que había llegado la hora de acabar con el mármol, la mampara de bañera, el mueble plastificado con molduras y los toalleros de cerámica blanca con dorados, me alegré por ella. Por su baño también, claro, pero sobre todo porque había sido capaz de romper con aquello que fuera que la tenía anclada a ese reducto del horror y se le avecinaba una nueva aventura. ¡A hacer puñetas la bañera y que me pongo un plato de ducha que te lo digo yo que te lo juro! Y me voy a Sevilla a por unas baldosas hidráulicas y si te da envidia te jorobas y dejas de parir, jodía. Así que allí sola que se me fue pal sur y volvió con todo lo necesario para lavarse el sobaco en un ambiente cosmopolita como ella se merece.

El mueble, como no podía ser menos, es Picapino, pero el resto es todo obra suya, de su cosecha. De algo tienen que servir las revistas de decoración, tanto Pinterest y tanto recorte que nos pasamos una a la otra. A mi me lo cuentan y ni me lo creo porque es otro baño totalmente diferente. Porque todavía, después de estos años, me siguen sorprendiendo los cambios que pueden dar las casas con un poco de gusto. Me encanta.

Amiga, ¡invítame a hacer pis!

Foto: Jimena Roquero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *