septiembre 8, 2016 picapino

Festival Inspira y cómo hacer una cabaña de madera

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Hola, ¿cómo anda el tendido por aquí? Hace mucho que no nos pasábamos por esta humilde morada a la que tanto queremos porque hemos estado liados existiendo un poco y haciéndonos cargo de algún que otro negocio. Las cosas llevan su tiempo pero al final, terminan por colocarse. Así que bueno, ya estamos de vuelta al mundo bloguero, porque todo este tiempo hemos continuado activos por Facebook y sobre todo por Instagram (que no me entere yo de que no nos seguís por ahí, coleguis, que lo estamos dando todo y más).

Estamos de vuelta, pero vamos a empezar nuestros relatos por aquellos días en los que estuvimos de ida. Que como empecemos con el presente, se nos van a acabar los temas enseguida porque nuestra vida, muy a nuestro pesar, no da para tanta entrada. Y tenemos la idea y el plan maquiavélico de quedarnos mucho tiempo por aquí, nutriendo vuestras neuronas con historias de madera, con lo que vamos a necesitar un arsenal de información.

Así que, ¿qué hemos hecho este verano? Que sea algo digno de contar, claro, que llegar y empezar a aburrir no es nuestro estilo, mucho más refinado e intelectual. Pues empecemos a repasar tirando del hilo de la madeja de nunca acabar.

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Sé que ver gente trabajando no suena mucho a verano. Vamos a dejarlo claro: trabajar es caca. Disfrutar es bien. Descansar es bien. Una playa desierta y un hotel máximo confort atrás (en el que estás alojada, claro) es mucho mejor. Seguimos teniendo la escala de valores bien definida y escrita en el Decálogo Picapino del buen viviente pero hay veces que se nos nubla el sentío y trabajamos divirtiéndonos, con lo que eso supone para nuestro enloquecimiento, ya de por sí titilante.

Dicho esto, os contaré que en junio estuvimos en el Festival Inspira, viendo qué demonios se cocía por allí. Porque yendo era la única forma de saberlo, ya que no había ni cartel, ni plan establecido, ni programación ni nada de nada. ¡A lo loco! Que Javi me decía, “¿pero a dónde nos llevas a toda la familia, 4 días, metidos en nuestro yonky-taxi familiar que se cae a cachos colina arriba?”. Y el caso es que no había una respuesta fija a la que pudiera agarrarme, pero como se me da bien aturdir con palabras le convencí para ir a un sitio raruno, lejos, sin saber exactamente qué era y pagando. “No sé a dónde vamos, pero hay que ir (que me lo ha dicho Andy) y mejor que no pases la aspiradora por la tapicería que ya lo hacemos a la vuelta”. Para que luego digan que no estoy hecha para el marketing, ¡no te fastidia!

Porque señoras y señores de bien, el caso es que no sólo que para allá que nos fuimos sino que además, terminamos haciendo un taller con las familias que fue todo un éxito por nuestra parte, pero sobre todo por la suya. ¿Cómo os quedáis?

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No teníamos mucha idea de lo que íbamos a hacer. Una no se presenta en un festival que no tiene programa oficial con un plan bien estructurado porque corres el riesgo de que te den de collejas, aunque bueno, digamos que también es que nosotros somos de naturaleza easy going sometimes y que practicamos la improvisación cuando se puede coger al vuelo. Lo único que teníamos claro era que íbamos a hacer una cabaña y que queríamos que los canijos participaran de verdad, que es algo que hemos aprendido gracias a los talleres que hemos dado en la escuela de Manuela.

Clavar mola mucho, a todo el mundo le gusta. Y a partir de cierta edad, mucho más temprana de la que imaginamos, podemos hacerlo sin problemas. Así que nos propusimos que no queríamos que se convirtiera en un taller de los padres/madres hacen y los niños/niñas ven cómo los padres/madres hacen cosas que ellos/ellas quieren hacer. Y la verdad, es que tuvimos unos padres/madres que lo entendieron a la perfección y se sumaron al movimiento let them do it fenomenalmente bien. Porque algo de supervisión se necesita cuando un niño de edad poco avanzada tiene una herramienta con la que puede abrirle la cabeza a otro en menos que canta un gallo. Pero por lo demás, salvo este detallito tonto de nada, la cosa fluye.

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Aquí los veis clavando, serrando, atornillando y lijando como si lo hubieran hecho toda la vida. Los más grandes y los más pequeños. Todos y todas volvieron a casa sanos y salvos y no hubo que lamentar ningún incidente, así que podemos decir que fue un taller divertido y relajado.

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Y ya, cuando la cabaña estuvo en pie, pudimos decorarla entre todos y todas. No había un patrón ni sabíamos a dónde queríamos llegar sino que cada uno iba dejando su detalle, aportaba, grapaba aquí y allá una tela, hacía un móvil, proponía en alto una idea para encontrar equipo que le ayudara, enrollaba una madeja de lana en un palo… y fue un momento también chulo que lamentablemente, se tuvo que cortar pronto porque siempre en estos casos, una actividad se te va de hora.

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¿Os gusta cómo quedó? Nosotros estamos súper orgullosos del resultado, que no es un sentimiento fruto de una cuestión estética, sino porque la cabaña es el reflejo de un trabajo en equipo genial, coordinado, participativo, lleno de ilusión. Nosotros no llevábamos las respuestas cuando comenzamos (ni siquiera Javi y yo habíamos hablado mucho del tema antes) y fue chulo ver que decidíamos entre todos cómo era nuestro proyecto, para luego darnos cuenta de que la construcción se nos caía una vez hecha y que había que echar unos vientos a los árboles para anclarla. Eso es un equipo y lo demás son tonterías.

Del resto el Festival Inspira, ¿pues qué os puedo decir? Creo que poco se puede explicar porque es una experiencia que merece la pena experimentar. Cada uno lo vive de una forma porque no es tanto lo que es, como lo que te llevas puesto cuando sales. Y eso es algo tan personal, que podría tener miles de explicaciones. El camping, la comida, la gente, los amigos, el fresquito, el programa… todo eso no es más que un recipiente. El Festival Inspira, para mi, es lo intangible, es lo que flota en el aire, son los nudos en la garganta, son los pájaros en los ojos, las respiraciones y sus latidos. ¿Cómo podría ponerle nombre a todo eso?

Creo que es una oportunidad para ir a descubrir vidas muy interesantes, conocer gente diferente, abrir la cabeza y darte cuenta de aspectos de ti misma que tenías sin leer en la bandeja de entrada. Yo hice un par de “eurekas” que no tenían nada que ver con lo que me estaban contando, pero a los que no podría haber llegado si no hubiera estado escuchando atenta a los que hablaban. Para mi, fue un bonito inicio de varios desasosiegos que ahora tengo, que me llenan de ilusión.

En fin, que mi me gustó mucho la experiencia, aunque he de confesar que me manejo mal en grupos tan grandes y que eso hace que me aísle un poco. Javi dice que cuando me aturdo, soy autista y en parte tiene razón. También, el hecho de ir con pequeños hace que no puedas disfrutar bien de todo, aunque Javi fue el que más se encargó de la familia menuda, pero era algo que teníamos que hacer los 4 por varias razones y lo disfrutamos mucho. El camino y la estancia.

Fue una pena no poder despedirme de toda la gente maja con la que me encontré y a la que conocí pero bueno, estaban en medio de una conferencia cuando nuestra carroza amenazaba con convertirse en calabaza y no era plan de interrumpir. Tampoco pude dar bien las gracias a los organizadores y a las familias del taller, aunque espero que les llegue en el aire a partir de ¡ya!

Pues eso, ¿dónde habéis encontrado la inspiración vosotros y vosotras este verano?

Fotos: Picapino

PD. Aunque pedí permiso a todos los padres y madres que había en el taller para poder sacar las fotos que componen esta entrada, al fina, fueron llegando y yéndose niños y niñas que no sé bien de quién eran, jajaja. No es nuestra intención hacer un uso indebido de las imágenes y de hecho, he puesto todas las que tenía prácticamente como reconocimiento a todos esos mini carpinteros de pro que estuvieron en el taller. Si por alguna razón tu hijo o hija aparece en alguna y no te sientes cómodo con la idea, ¡háznoslo saber, por favor! Inmediatamente retiraremos la fotografía.

Comments (2)

  1. Que bonitos recuerdos! ver a mis peques por ahi en vuestras fotos me ha hecho una ilusión tremenda, que bien lo pasamos.. y que de acuerdo estoy contigo en eso de que lo más importante es lo que te llevas..esas sensaciones, los pelos de punta escuchando las charlas de gente super interesante, la música en vivo, las cenas compartidas, los talleres de mayores (disfrutados al máximo gracias al inspira kids) porque nosotros estábamos de vicio pero los peques ni te cuento.. una experiencia inolvidable.. y si, a mi me pasó igual, que al final no hablé con todo el que me hubiera gustado..incluida tú que estuviste a mi lado cuando el camino se hizo pesado al volver de las pozas y tuvimos que parar a descansar.. jeje hemos hablado más después por instagram, jeje
    Un besote grande Laura

    • picapino

      Jajajaja, sí, la verdad es que al final no puedes abarcar todo lo que te gustaría, sobe todo si vas con canijos, ¿verdad? Pero bueno, el año que viene repetimos y nos ponemos al día en cuanto empiece el Inspira, jajaja.

      Un abrazo.

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