Febrero 23, 2017 picapino

La Comunidad #Natalia Sierra-Conde, nuestra musa

{ADVERTENCIA: las imágenes de este post son dramáticas y de contenido extremadamente fuerte. Pueden herir de forma irreparable su sensibilidad. Picapino no se hace responsable de las carencias generadas}

Tener una cama así para invitados, como la que nos encargó nuestra amiga y musa Natalia Sierra-Conde Saraiva de Carvalho, es arriesgarse a que algún adolescente se te plante en casa con la excusa de que se le ha estropeado la caldera y que solo serán unos días y termines acompañándola en taxi a su fiesta de graduación del master.

Esta cama es muy chula porque, a parte de la balda a pie de calle que veis en la foto para dejar los libros que una va a leerse en el tiempo que esté implantada cual animal simbiótico en su casa, tiene unos compartimentos secretos debajo del colchón para guardar los oros de kilates. O si eres más de ir por la vida de sport casual y el sueldo solo te da para plástico policromado, la almohada y el edredón. Dejarlo puesto es una ordinariez y ahora se llevan las colchas más de entretiempo, aunque haga un frío pelón y la prudencia te susurre que mejor un cobertor algo más embrutecido.

La cama la hicimos en madera de calabó barnizada y como tiene piecero y cabecero, no te da miedo que venga alguien de uñas largas y encorvadas a rozarte la cabeza en plena madrugada, ni acabas con el cuello torcido porque se te ha caído el almohadón donde empezaste la noche reposando tu cabeza. Son todo ventajas porque nosotros somos todo amor.

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