septiembre 29, 2015 picapino

La Letrera

Captura de pantalla 2015-09-28 a las 21.30.42

100

Hoy vuelvo a la carga con otra historia de compañeros carpinteros de las que me gustan. De esas en las que os enseño trabajos bonitos de gente simpática, que se lo están currando para sacar adelante, con mucho esfuerzo, un proyecto cuidado y que les permite vivir ganándose el pan con sus propios aciertos y desaciertos. ¡Que hay mucho talento en este país, me cachendiez!

110

portada

web2

 

La historia de La Letrera, es la historia de un tándem: Héctor y Marina.

Imaginemos a un Héctor de pequeño, erre que erre con que el niño quiere ser carpintero. Que no quiero ir a los futbolines, papa, que lo que quiero es una caladora y un tronco para hacerme un escritorio abatible para el cuarto y un estante para los Airgam Boys. Y el niño que estudia carpintería. Y venga a trabajar y trabajar para otros: que si ahora me pones una puerta, que si te dejas los riñones poniendo un suelo, que si ahora me colocas aquí un aparador de 5 puertas tipo fuelle…

Y el tiempo pasa y Héctor se convierte en el maestro Yoda de la carpintería, compaginando un taller propio con esto de dar clases en escuelas talleres y talleres de empleo mientras había dinero para eso. Pero luego, ya tú sabes, que si recorto por aquí, que si vamos a prescindir de lo superfluo, que si la educación paqué, que adiós escuelas de este tipo y que cada uno se apañe con cursillos de CCC. Toda una apuesta por sacar a este país del hoyo (y ya me callo).

Ahora imaginémonos a una Marina trabajando los fines de semana en una gran superficie alimentaria (que no voy a nombrar porque me cae mal), intentando colar en caja promociones de fuet con napolitanas de chocolate a un euro señora. Y  pagando con ello los estudios para poder empezar un grado o una carrera, lo que la tenía el pelo pocho porque ya no podía más con los yogures de oferta y no tenía ningún familiar de bolsillo pudiente para hacerle de mecenas.

Y un día de amor cualquiera, hablando de todo y de nada, se dieron cuenta de que sumados, ellos eran más que dos. Y que si él clavaba clavos y encolaba patas y ella, fanática además de la decoración, se dedicaba a las multitareas de levantar una empresa…mmmm… ¡lo mismo funcionaba y todo! Y parieron La Letrera. Como la propia Marina me contaba, “echando la vista atrás me doy cuenta que La Letrera está formada de nuestras mejores cualidades y que es la fusión de ellas las que hace que La Letrera sea lo que es”. Y esa es una definición más que suficiente para mi.

Hace poco reformaron el antiguo taller y se mudaron al campo. Y desde allí fabrican y envían todas sus creaciones a las personas que deciden apostar por este pequeño gran negocio para decorar sus casas. El reparto de tareas es vital y mientras ella es la encargada de buscar ideas, dibujar bocetos, fotos, contestar mails, redes sociales y contabilidad (una vaga, vamos), él es el encargado de llevar a cabo sus locas ideas, de presupuestar los pedidos personalizados que les llegan y de contactar con los proveedores de madera (como veis, él también se aburre). Además, Héctor sigue haciendo algún curso de profe y ella estudia por su cuenta para poder especializarse en decoración de interiores. Y siguen con la carpintería (puertas, suelos, ventanas, muebles…), porque hay tiempo para todo. A los masajes, las tardes de relax, los fines de semana detox y los cruceros por los fiordos noruegos ya si eso, van otros.

Tal y como cuentan, “no es un camino de rosas, ya que muchos días lo dejarías todo por un simple comentario en redes sociales, por una semana en la que no has vendido casi nada y sabes que tienes que hacer frente a muchos pagos a la vuelta de la esquina , por varios días en los que ni te da tiempo a comer y son más de las 11 de la noche cuando llegas a casa, pero te paras y piensas, estoy haciendo lo que me gusta, estoy creando objetos decorativos que la gente los va a poder disfrutar en sus casas, lo estoy haciendo con mis propias manos y con la maquinaria mínima (estamos en plan ahorro para poder comprar una sierra de carro, hasta ahora vamos con la ingletadora) y mails de gente encantadora felicitándote por tu trabajo y todo ello te carga para poder seguir seguir”.

Héctor y Marina tienen una historia en la que podemos sustituir los nombres por Javi y Laura y prácticamente la cosa sería igual. Somos casi gemelos en muchas cosas, aunque cada uno con nuestras diferencias que nos hacen distintos, cada uno con su impronta y con su personalidad.

Esperamos que os guste su historia, su empresa, y les deseamos lo mejor de lo mejor desde aquí. ¡Larga vida a la madera, compañeros!

Fotos: La Letrera

Comments (2)

  1. Elena

    Me ha gustado como lo has contado… colorin colorado este cuento, si la verdad cosas muy bonitas y mucho trabajo, los conozco por un mercado muy artesano y variado y también con cosas de segunda mano que hay en Zaragoza (Mercado de Las Armas), bueno pues que me encanta las cosas que hacen, de cara a las navidades compramos unos renos de madera muy chulis para nuestra decoración y en otra ocasión unas letras de madera, les deseo todo lo mejor a estos chavales jovenes, currantes e ilusionados con su aventura !!suerte chicos!!

  2. ¡Gracias por pasarte por aquí, Elena! A mi también me gustan mucho y aunque no he podido ver sus cosas en persona, seguro que son piezas cuidadas y elaboradas con mucho mimo.
    Un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *