mayo 29, 2016 Laura Donada

La maternidad guay pero, ¿y todo lo que he desaprendido?

El otro día leía un post de Azul Mostaza sobre todo lo que Angi había aprendido siendo madre, con el que me sentía totalmente identificada. Uno de esos post que lees en el bus y vas asintiendo sola, como si fueras rica y te estuviera llevando Chals en el Rolls Royce a la manicura y nadie pudiera verte hablar sola.

Esto mola. Leer las reflexiones de una madre normalmente te hace sentirte querida (he dicho, normalmente) y te hace sentir dentro de una comunidad enorme, que no se habla y que se calla cosas pero que está ahí para compartir (¿se nota la incongruencia?). Una comunidad rara pero que en el fondo, hace que no te sientas mal por tener las cisternas lecheras por el ombligo porque ves que le pasa a mas gente. Una comunidad que es solitaria a veces, que te hunde y te eleva a la vez… yo qué sé, de esto hablaremos en otro momento si queréis, que hoy tengo otra cosa en mente.

El caso es que me identificaba con lo que se decía en el post y me he dado cuenta de todas las cosas que he aprendido desde que soy madre. Así haciendo una reflexión mental, son un montón de cosas que podría enumerar. He tocado la gloria en ocasiones y me he descubierto una persona en muchos aspectos, totalmente diferente a lo que pensaba que era. Cuasi mejor. O exactamente igual a lo que me pensaba que iba a ser (como veis, esto no lo tengo claro tampoco). Bueno, el caso es que lo que sí sé es que es mucho lo que he aprendido estos años y que eso me hace mucho mejor persona, pero, ¿qué me decís de lo que he desaprendido, eh? Esto es muy fuerte también.

He desaprendido a ser lista, se han derrumbado las bases de mi propio intelecto. Que soy mucho más tonta de lo que era, vamos, que esto es un hecho. No es que fuera yo de premio Nobel pero mira, podía mirar para abajo un rato sin que se me cayera la baba por olvidarme de tragar. Y en una conversación, cuando asentía, lo hacía desde la propia comprensión oral del otro, no por pura educación y por mantener abierto el canal de comunicación. He perdido neuronas, no sé dónde, y esto me tiene obsesionada. El otro día hasta lloré porque me di cuenta de que no alanzaba, os lo juro. Como os oiga reíros os retiro la palabra y la letra, que esto es serio. ¿A alguien le pasa?

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He desaprendido a desvincularme. Todo me lo llevo a lo personal y casi todo, me hace llorar. Que veo Pesadilla en Elm Street y, a parte de imaginarme miles de males acechando a mis cachorros (¡que no salen de casa sin mi hasta que no se me casen bien!), no puedo evitar solidarizarme con la madre de Freddy Krueger. Esa pobre mujer, que vio como sus esfuerzos educativos se iban por el desagüe del éxito social, que a saber qué penurias estará pasando por lo mal que le ha ido su chaval. Y así con todo. No puedo dejar de llevarme todo al terreno emotivo sin yo querer, que se está mucho mejor siendo frívola e inconsciente. Porque todo, todo, es de llorar si una quiere y rebusca en el baúl de las razones sin razón. Hasta una lata de sardinas es una punzada de dolor en el corazón. ¿A alguien le pasa?

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He desaprendido a ir sola o con Javi. No sé ir sin mis hijos, o me cuesta. Que no es que les eche de menos por amor, que también, sino que es más bien falta de rutina de estar sin ellos. Que es como si me faltara algo, como si me hubiera dejado el bolso en el bar, ¿se me entiende? Estoy tan acostumbrada a mirar si uno cruza la carretera en plan kamikaze, a cruzarme de acera corriendo para que no vean el parque, a dos pasitos palante y dos pasitos patrás… que se me hace raro andar recto y canturreando como antaño. ¿A alguien le pasa?

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He desaprendido a pensar solo en el presente. Porque cada vez que salgo de casa, estimo con una precisión matemática asombrosa que viene de serie cuando eres madre, las posibilidades de que ocurran diferentes futuribles, que abarcan el amplio espectro que va desde que te llamen de la embajada Griega para ofrecerte un premio inesperado hasta la llegada misma del Apocalipsis. Siempre hay que llevar en el bolso todo lo posible para acampar en la jungla por si fuera necesario, con pastillas potabilizadoras y una barca hinchable por si acaso. Y toallitas para apañar peinados y lamparones por si ocurre lo del premio. Eso de vestirse, coger el abrigo y salir por la puerta sin pensar en nada más que la calma, es algo que he desaprendido. ¿A alguien le pasa?

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Y seguro que podría enumerar muchas más, pero este post sería enorme y larguísimo y no lo leerías. Y porque molaría que me contaras tú todo lo que has desaprendido en esta bonita aventura de la maternidad que sí, que seguro que te ha hecho evolucionar en muchos aspectos pero que estoy segura, te ha hecho sufrir de involución en otros. Y a mi me encantaría escucharlos. ¿Qué me cuentas?

Comments (11)

  1. Elena Garrido

    Ya está, otra vez lloricosa después de leer esto.
    ¡Sí, a mi también me pasa!
    Y encima ahora que me toca preparar oposiciones no sabes que dolor la constatación de que no soy capaz de retener nada, digo que en estos 5 años de maternidad me he dejado un trozo de cerebro por algún sitio y le quiero echar la culpa al no dormir y quiero que pensar que será reversible….Sí, verdad?.
    Elena.

    • Laura Donada

      Tengo amigas que insisten en que es reversible, pero no me lo creo en absoluto, jajajaja. Al menos en mi caso, algo he recuperado pero esto no es lo que era ni por asomo. Quizás es que no tengo tiempo de leer, de estudiar, de ver películas… y eso quieras que no, antes me mimaba el intelecto. No lo sé. Creo que también el agotamiento es un lastre que pasa factura. ¿Te acuerdas cuando teníamos siempre un rato al día para no hacer nada? Eso que era antes una tontería, ahora es un lujo. Ver la tele un ratito antes de acostarme, y ya no te digo leer un libro, es como echarse unas gotitas de Chanel Nº5 antes de meterse en la cama. ¡Que levante la mano la que lo consiga! Jajajajaja.

      Ánimo con esas oposiciones. ¡Vamos! ¡A comérselas! Aunque cueste un poco más que antes, tontas tontas tampoco nos hemos quedado, jajajaja. ¡A por elloooooooooo!

      Un abrazo.

    • Laura Donada

      Si es que ya ni sabemos si reír o llorar, maja. Al menos, tenemos un chat para reírnos de esto y más si hace falta. Como nos lo pinchen, saltan las alarmas en la White House, jajajaja. Podemas con Diademas ha venido a pisar fuerte.
      Besos.

  2. Ufff he desaprendido tanto o igual que tú, y además a todo ello añadiría el desaprender a elegir la ropa…es decir, que ahora abro el armario y me pongo lo primero que pillo, vamos que sino voy conjuntada o con la camiseta al revés, no me doy cuenta hasta que me pongo el pijama o porque algún alma caritativa me dice en voz bajita : “llevas la camiseta del revés o la etiqueta por fuera” 🙂

    • Laura Donada

      Jajajaja, yo creo que ya he contado en alguna ocasión cuando salí con una teta fuera de la camisa y me di cuenta de milagro al mirarme de refilón en el espejo del ascensor. Cuando tengo que ir mona, no me pongo la parte de arriba hasta que no salgo de casa por la puerta, por eso de no pasear galletas espachurradas o tomate frito en la solapa, jajajajajaja. Anda que…

      Besos.

      • Jajajajaja me parto!!! “Mis lecheras” ya son las más conocidas del grupo de amistades que tengo… y me apunto la idea de no ponerme la parte de arriba hasta que no tenga que salir por la puerta de la calle 🙂

  3. Marta G

    Yo he desaprendido a mirarme en el espejo antes de salir. Que mirarme me miro, por costumbre adquirida, pero no me veo porque estoy a coger la mochila de baloncesto, la flauta, los almuerzos, las autorizaciones de la excursión, las llaves y claro, salgo al final con un ojo pintado y el otro no. 🙂

    • Laura Donada

      Eso de mirar y no verse, ¡qué gran verdad! Creo que a veces, si cerrara los ojos e intentara enumerar qué llevo puesto, no podría. Porque me he vestido pensando en miles de cosas más y cualquiera sabe lo que he sido capaz de ponerme, jajajajaja. ¡Te entiendo!

      Un abrazo.

  4. Alicia

    Y yo que entraba aquí pensando en hacerme un mueble y me encuentro con este post tan genial!! Yo he desaprendido todo, todo, lo que decís, y también he desaprendido a tener un rato la mente en blanco, sin tener miles de pensamientos en modo agenda rondándome la cabeza: que si tengo que hacer la inscripción para la guarde de la pequeña, que si esta semana voy a comprarle camisetas al mayor, que ya no le valen, que si no se me olvide hacer mañana el pollo para la comida, que si debería ordenar el armario que está hecho un desastre…

    A lo mejor todo esto se pasa, pero en el fondo algunas cosas molan… yo estoy más feliz con neuronas de menos!!

    • picapino

      Jajajaja, sí, yo también soy más feliz y a veces me pregunto si no seré medio masoca, jajaja.
      Un abrazo.

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