junio 4, 2015 picapino

Maderhisteria

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A mi es que  me gusta hasta el nombre.

Conocí el trabajo de Maderhisteria gracias a Instagram, red social a la que he sumado tarde por cabezona pero a la que me he enganchado cual enana. Una al final no sabe ni cómo llega a los sitios, pero el caso es que pinchando aquí y allá, se da de bruces con mucho talento suelto por la red. Y eso me pasó con David y su proyecto en madera.

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Que en realidad, no sé si decir proyecto o decir hobby, y ni siquiera sé porqué digo esto si ambas cosas no siempre son excluyentes. El caso es que David, diseñador de día y maderhistérico de noche, me atrapó con su califrafía recortada.

Lo que más me gusta de su trabajo es la magia. ¡Claro que está todo super bien hecho! ¡Claro que para conseguir eso hay que echarle horas! Pero a mi lo que me mola es el concepto de su idea, porque es capaz de traducir las letritas y los logos que diseña en el ordenador, a objetos tangibles. Trasladar a la realidad el plano de una silla no es fácil, pero a fin de cuentas, era el destino para el que había sido creado. Trasladar sin embargo a lo palpable un objeto que estaba condenado a vivir en el papel de forma plana de por vida, tiene que ser divertido. Es como buscarle a las cosas una tercera dimensión que no estaba prevista en los planes iniciales. Y así, como sacándose de la manga una nueva relación espacio tiempo y con una sierra eléctrica, David es como una impresora 3D humanoide.

Su Instagram es de lo más chulo. A mi me encanta cuando saca letritas y números y luego nos dice la fuente que es. Que si Times New Roman, que si Eurostile, que si Meilor, que si Kilogram… ¡Qué idea tan divertida! A mi amiga Elena le encantaría, jajaja, que es una estudiosa de las tipografías y viaja buscando la fuente perfecta. Y a mi, que no sé nada y hago todo en power point con las tipografías que tiene por defecto cargadas este cacharro, me parece fascinante.

Como siempre digo, podéis pensar que esto es una tontería y que cualquiera con una segueta hace unas letras en un periquete con los vestigios de lo aprendido en pretecnología. O quizás ya os tengo aleccionados y aleccionadas y sabéis que no. De todos modos, os reto a hacerlo, incluso con una sierra más profesional, jajaja. En serio. Pero a hacerlo además de cero, es decir, pensado vosotros las letras, la forma de disponerlas, el tamaño, la fuente, la separación entre ellas, el grosor, la inclinación… y luego a darle al recorte sin salirse y finalmente a la lija. A la lija un buen rato. Y luego me contáis y nos reímos juntos como cuando se te queda el arroz pegao. Y mejor, le encargamos a David lo que necesitemos y nos dejamos de pamplinas, que para eso él es el profesional (podéis ver una explicación de cómo hace un logo aquí. Chupao, ¿eh?).

En fin, que en temas de lettering, este chico me tiene eclipsada.

Fotos: Maderhisteria, con su permiso expreso.

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