Sobre el mueble:
Pon una cocinita en la vida de un menor y verás su infancia florecer. Es casi imposible que no le guste, creemos que todavía no se han descubierto casos de inapetencia lúdica ante semejante maravilla del juego simbólico. Porque en esta cocinita claro, se pueden hacer platos irrepetibles con arena, agua, un calabacín de los de verdad, de los de mentira o con la imaginación. Todo huele rico. Pero es que además, se puede abrir y cerrar una puerta, meter la receta en el horno, esconder, descubrir, colocar, almacenar, limpiar, ensuciar, pensar... ¡Tanto escondido en un simple juguete!

Materiales:
Madera de calabó con barniz al agua, pintada con pintura al agua y pared empapelada con papel adhesivo plastificado.

Fotografías:
Jimena Roquero