abril 24, 2016 Laura Donada

Taller de carpintería para niños y niñas en la escuela

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Hace unos días, os contábamos que fuimos al colegio de Manuela a hacer un pequeño taller de carpintería para los niños y niñas de la escuela, y que estuvimos haciendo unos robots que fueron el éxito de la temporada. También hicimos unos bastidores más sencillos para hacer papel reciclado con los más pequeños, porque tienen algunas de sus destrezas aún por desarrollar, pero los pobres artilugios quedaron eclipsados por los divertidos androides de los mayores.

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Esta vez, habíamos aprendido la lección porque ya tuvimos el año pasado para practicar, así que lo preparamos todo mucho mejor. Creímos que era importante dar autonomía (acompañada) a cada uno de los niños y las niñas, para que sintieran la actividad como algo suyo y no fueran meros espectadores. Ver cosas desde la barrera sin que te dejen toquetear es siempre más aburrido. Mucho más.

Así que con algunas madres de la escuela, preparamos un batiburrillo de cabezas, cuerpos, patas, pies y manos para que ellos fueran eligiendo las que más les gustaran, como si fuera un autoservicio all you can eat. Lo primero que hacían era ir seleccionando las piezas que querían para su robot (cabeza más grande, piernas largas o cortas, cuerpo alargado o pequeño, antenas hacia arriba o hacia abajo, con uno o dos ojos…), para luego ir juntándolas a base de cachiporrazos con el martillo, que al final es lo que más mola, jajaja. Por mucho que nos adornemos, escribamos libros y compremos por internet, en el fondo somos animales con ancestros primitivos y en cuanto nos dan un palo nos venimos arriba, qué le vamos a hacer.

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A Javi le encanta esta experiencia anual y es algo que prepara con mucha ilusión. En parte le gusta por compartirla con Manuelilla, claro, pero también por hacer algo divertido con los niños y niñas de la escuela y por acercar su trabajo a los más pequeños (ahora todos le saludan por el patio y él está feliz). Creo que él no se olvida que el oficio le viene de una extraescolar que teníamos en el cole (sí, Javi y yo íbamos a la misma clase, aunque no nos vimos mucho porque él estaba siempre en el pasillo, jajajajaja), que le cambió la vida. Sin Julio y aquellas horas en el taller del patio del colegio, él no habría sido carpintero probablemente. Y lo habría lamentado casi con seguridad.

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Es maravilloso ver lo que les gusta trabajar con las manos a los más pequeños y la diferencia que marca el dejarles hacer, clavar, tocar, encolar, lijar… Los niños y las niñas son capaces, no nos olvidemos. Estaban orgullosísimos de su trabajo y no hacían más que enseñárselo a todo el que entraba por la puerta. Y esa tarde, no pararon de llegar los mensajes de un montón de esos robots pintados de mil y una forma diferente porque la actividad, sin que nadie les obligara, continuó en sus casas por iniciativa propia. Precioso.

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Es una pasada, igualmente, pertenecer a una escuela en la que las familias estamos tan implicadas. ¡Lo que hemos aprendido estos tres años! Esto es voluntad de todos los padres y madres, que dedicamos nuestro tiempo a colaborar en una comunidad educativa que creemos que es de todos, claro, pero el eslabón fundamental es la escuela y todo su equipo, que nos abrieron las puertas desde el primer día y que está dispuesto a construir de forma conjunta una escuela como la que es. Dejando mucho callo en el camino.

Una escuela diferente, pública, de calidad, laica, democrática, inclusiva, para todos y todas, es posible. Una escuela en la que no se llenan recipientes, sino que se dan grandes alas. Una escuela que abre puertas y nunca las cierra. Fin de la exaltación, que luego me llamáis al orden.

¿Qué os parece todo lo que os cuento hoy?

Fotos: escuela de Manuela

Comments (4)

  1. Que maravilla!!! Yo también me convertiría en niña para hacer esos robots y luego poder pintarlos en casa y ya no te digo mi pequeñajo, si le das un martillo es el “tio” más feliz del planeta… muy buena iniciativa 🙂

    • Laura Donada

      ¡Gracias! Creo que vamos a tener que barajar el hacer un taller así para adultos, jajaja, ya que nos llegan muchos mensajes de padres y madres a los que le gustaría hacer algo similar. ¡Lo tenemos que pensar! Y sí, yo creo que sería preocupante si a tu hijo no le gustara un martillo, con lo que no se preocupe usted que tiene un hijo de lo más sano, jajaja.

      Un abrazo.

  2. Elena

    Qué que nos parece?, a mi me encanta, pero un montón! de las cosas que has contado, primero la creatividad por parte vuestra, que hace que luego los niños la sigan realizando, poniendo todo su empeño y corazón para terminar esos pequeños robot, que los padres se involucren eso crea lazos…lazos familiares y lazos de amistad y que ademas se aprenda de todo un poco o un mucho(mira lo que has contado de Javi) de crear, de hacer, de compartir, así debía de ser la enseñanza y mas la pública.. la de todos, tenéis que estar muy orgullosos de todo lo que enseñáis, aprendéis y compartís, jo que suerte a mi me hubiese gustado ir a un cole así, lo dicho me han encantado todo ese batallón de robots… es que son una chulada!!.

    • Laura Donada

      ¡Hola, Elena! La verdad es que pertenecer a una comunidad con la de la escuela de Manuela ha sido un regalo. Ver a tu hija en un entorno así, con un equipo tan comprometido y una línea pedagógica tan alineada con nuestras inquietudes, es un lujazo. Espero que ella se acuerde de todo lo que ha vivido en ella porque desde luego, nosotros lo haremos. ¡Ojalá hubiera más escuelas públicas así!

      Un abrazo.

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