noviembre 12, 2015 picapino

Estamos de reformas

Estamos de reformas en casa, lo que viene siendo una forma sutil de decir que tenemos todo manga por hombro y que este fin de semana nos hemos cargado ya varios pantalones con pintura que pensé, erróneamente, que se iba con un poquito de agua y de frotar. También quiere decir que todo está fuera de su sitio de forma provisional, ya sabéis cómo funciona el tema, hasta que hagamos esto y entonces pongamos ahí la estantería y podamos ya por fin encontrarle un hueco al Kilimanjaro casero de objetos varios que tenemos en alguna habitación. Total, que calculo varios años.

Pero seamos justos. Hay que tener en cuenta que lo hacemos todo nosotros (traductor simultáneo: o sea, Javi) y con esto me refiero a pintar superficies, fabricar los muebles, cambiar radiadores de sitio, arreglar la electricidad, aislar paredes, alicatar… todo menos tapizar. Y bueno, también se podría abrir un capítulo por fascículos sobre la incurable ceguera que me invade y que me impide ver el fin en cuanto a reformas se refiere. Siempre se me ocurren cosas nuevas (claro, soy yo la que lee los blogs) y tengo una lista enoooooooorme de deseos que requieren tiempo y dinero para hacerlos realidad. Y consenso, claro.

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Porque ya no es el consenso de qué hacer, que en realidad Javi y yo lo encontramos relativamente pronto, sino de cuándo hacerlo. Yo encuentro ideal justo el fin de semana que hay que ir a casa de los suegros (jajaja, es una broma poética), o cuando hay fútbol. El, sin embargo, ve fundamental acometer las obras de ingeniería más profunda justo cuando había quedado con una amiga para irme todo el domingo de pingo y él se quedaba con los niños. ¡Qué pena que justo coincida, cari!

Y así vamos tirando y las semanas van pasando y bueno, una se acostumbra al caos hasta que un día entra por la puerta y se cabrea y dice «hasta aquí hemos llegado» y manda al partenaire a la tienda a por pintura porque de este finde no pasa, que me tenéis harta y harta me tenéis. Y lo dice de tal forma que el otro se acojona y vuelve con rodillos de los mullidos, high quality, para que no queden marcas en la pared. Y pintura de la que no huele, oigan ustedes, que se seca en seguida y no se raya cuando pasas la mano llena de oros a las pocas horas haber dado la unicapa. Y así vamos avanzando, poco a poco.

Y contadme, alhajas, ¿en vuestra casa sois de hacer reformas?

 

Fotos: Picapino

Comments (2)

  1. Elena

    Reformas??? afortunadamente vivo en una casa nueva (casi 10 años) pero ya sabes las mujeres ….que si podíamos cambiar la colcha, que te parece esto que esta aquí ponerlo allá, pero de momento no soy de muchas reformas hay cosas que cambiaría por supuesto y mas cuando ves cada preciosidad de fotos, algún toque nuevo, pero bueno, eso con sutileza y estas manitas (que por cierto están un poco vagas las verdad) restauro algún mueble que otro pero ahora estoy de bajón (de vagancia) y eso que tengo cosas para hacer una butaca preciosa que ya compré hasta la tela de esas de mapamundi, pero ya le llegará la hora ya!! y por cierto no se si sigues el blog http://www.restaurayrecupera.com/blogs/ te lo recomiendo Yo Landa es un amor y están en Madrid, estas navidades no pasa sin hacerles una visita, bueno guapa que te sea leve que esto de las reformas es de china chana como se dice por aquí, vamos piano piano lontano.

  2. Bueno, yo llamo reformas a pintar un poco y emplastecer los boquetes que tenemos en la pared, jajaja. En el fondo, me liaría a tirar muros y poner paneles móviles y esas cosas pero bueno, a Javi le da un soponcio y si pintar la puerta de la entrada nos ha llevado 5 días, no me quiero imaginar lo que nos llevaría tirar un muro y volverlo a levantar, jajajaja. Pero poco a poco, como tú dices, que tengo ganas de ver la casa bonita y arreglada. Con decirte que hay un cuarto que llamamos «el trastero de arriba»…
    Besos.

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