Teniendo la agenda como la tenemos, me acabo de devorar estos 17 minutos y pico de video de una tacada. Retrocediendo en algunas partes incluso para verlas bien otra vez, lo cual es un sacrilegio de la vida moderna y una osadía a las leyes de la cuarta dimensión. Y llorando, claro, que si no no sería yo sino mi cuerpo vacío abducido por cualquier bestia sin corazón.

Él lo describe así: «El proyecto nació por la pasión que me genera dar clases para chicos y en mis ganas de compartir la alegría que se genera en los talleres, hacia más niños de otras culturas y realidades.

Viajaré un año por 4 continentes, dando talleres libres y gratuitos. Se desarrollarán en Escuelas, Hospitales de Niños, Jardines de Infantes, Centros Culturales, parques y en la calle, en ciudades y también en remotas zonas rurales.

Al concluir el proyecto, se espera tener una gran cantidad de registros audiovisuales, digitales y en papel, de al menos 5.000 niñas y niños de 35 países, 120 ciudades de los 5 continentes»

Conocer de cerca el proyecto Pequeños Grandes Mundos a su paso por Madrid ha sido todo un privilegio. Quizás me habría gustado sentarme con Ivanke en un lugar con vistas, con un refresco en mano, hablando de la vida y de los mundos que recorre. ¡Ay, no! Que no son más que todos uno mismo, aunque nos empeñemos en no mirar a la cara a algunos… Pero me conformo con haber estado en uno de sus talleres. De todos modos, que no quede, y desde aquí decirle que si quiere, nos tomamos algo en un parque de Madrid que tiene las mejores vistas de toda la ciudad y una historia de lucha detrás.

En fin, que fue un privilegio de esos que crece con el tiempo. Porque vas de camino y estás muy ilusionada en pleno peregrinaje, luego el Artescopio a rebosar e Ivanke ahí, tan grande y sin embargo, escondido en un ser que no hace ruido hasta que abre la caja de música (¿cómo contiene todo lo que le crece dentro?), luego el taller y el pequeño de tus hijos pintando las caretas de los demás (sin permiso previo del autor), luego que si vamos para casa, luego mamá que me he dejado la careta en la acera y jugándonos la vida yendo marcha atrás conmigo al volante en una calle de un carril (quien lo ha vivido lo sabe) y luego llegar y bañarles para quitarles la pintura. Y después, al acostarlos, una va y se dice, «pues qué feliz me siento de haber formado chiqui-parte de este proyecto». Y se va a la cama y la cosa crece «joder (tened en cuenta que me hablo a mi misma y no tengo filtro), ha sido de coña el haber estado». Y a la mañana siguiente sientes que los demás te miran porque te ven afortunada y dices, «sí, no me mires más que es lo que parece: ayer estuve en lo de Pequeños Grandes Mundos«. Y te sale una sonrisa con chispita en el diente.

Y luego, ves este video y quieres que todo el mundo lo vea y no te importa tanto el haber estado (he dicho tanto) porque lo que quieres es que estén todos también y que el proyecto se haga grande y quieres ver la película y te hablas con acento argentino y les reservas un trozo de la lotería que te va a tocar hoy mismo (a mi 11 millones nada más y nada menos) y piensas que lo mismo tienen una vacante para contar las historias del viaje y piensas dejarlo todo y llevarte una sierra para hacer muebles por todo el mundo y… que se te va la olla, vamos. Pero ya dije que este privilegio de haber participado crece con el tiempo, che. Boludo, pegar hebra, relindo, ponme un mate.

Quiero dar las gracias, por supuesto, a Ivanke y Mey por haber puesto en marcha este proyecto tan bonito para el alivio de todos (los malos están de mala suerte cada vez que una buena persona da una patada a una piedra y se pone en marcha). También a mi queridísima Papel Picado, mi jefa una vez al mes, por haberme invitado con la excusa de que tengo hijos. Al Artescopio por acogernos y por dejar que Hugo se comiera las gomas de borrar sin escandalizarse. Y a las personas que pude saludar y con las que puede charlar (mi amada ChiquitectosKamchatka, Con botas de agua, La casa donde viví, María Glück y mi profe de curso de SEO y analíticas, Tacho, entre otros que no tienen enlace) . Y por supuesto, pediros que no le hagáis mucho caso a las fotos, que las pongo porque soy una sentimental y me ha dado un ataque «madre de la artista». Mirad el resto de perfiles que os nombro para documentos gráficos decentes.

Y ya por último, lo prometo, comentar que ya sé que este es un blog de lectura modesta y que no contáis con grandes cuentas corrientes (como me entere de que sí y que no me encargáis muebles todos los meses, va a llegar la sangre al río y no pienso hablaros cuando nos veamos en el infierno el resto de nuestra eternidad), pero bueno, si por ahí tuvierais unos ahorros de , unos lápices de colores, algún recurso bajo la manga… lo que sea, que penséis en Pequeños Grandes Mundos y la labor que hacen porque a todos nos gusta ver a los demás sonreír, y mucho más, si son canijos y canijas con tantos sueños dentro.

Así que hoy os pregunto, ¿vosotros qué sentís cuando dibujáis a solas?

Comments (2)

  1. Elena

    Que cosas nos cuentas y nos preguntas, pues no se la verdad dibujar, dibujar lo que es dibujar hace siglos que no lo hago, y cuando lo hago son flores, mientras hablo por teléfono ¿que significa eso, vete tu a saber?, me relajo y a la vez que hablo dibujo, retoco flores y mas flores pero de esas redonditas tipo margarita no vayas a pensar que …. bueno, que me parece una idea genial lo de Pequeños Grandes Mundos y tu con tus anécdotas (sin filtro, que graciosa) y tu niño y su careta, lo dicho es que me encantas, besos guapa.

  2. Yo tampoco dibujo ya, salgo cuando Manuela me pide que haga esto o lo otro. Aunque ya se ha dado cuenta de que lo hago fatal y cada vez me lo pide menos, jajajaja. Pero sí, en esos ratos muertos mientras se carga tal página, o arranca el ordenador, o hablo por teléfono… los garabatos me salen solos, jajaja.
    Mil besos.

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