octubre 30, 2015 picapino

Picafamily

Processed with VSCOcam with c1 preset

Ayer estuvimos de visita en el taller. Fue muy corta, porque entre que salimos del colegio, merendamos en el patio, trepamos algún árbol de la vecindad y les incrusto en el coche, normalmente pasan un montón de minutos que salen flotando por el aire vallecano para no volver.

Processed with VSCOcam with s2 preset

Processed with VSCOcam with c1 preset

Processed with VSCOcam with c1 preset

Processed with VSCOcam with c1 preset

Processed with VSCOcam with c1 preset

Processed with VSCOcam with c1 preset

Fotos: Picapino

 

Y más si tu hija decide ponerte difícil el peregrinaje hacia otro lugar porque quiere que le compres un patinete en la tienda. Ya. Una tienda de no sé dónde a la cual le dices que no tienes intención de ir porque estás en contra del capitalismo y el consumismo espontáneo, razonamientos que no le sirven en absoluto porque, tal y como te cuenta, te lo está pidiendo por favor y cuando se pide algo por favor, la otra persona tiene que hacerlo. Idea que parece bastante lógica pero ante la cual, tienes que mantenerte fuerte y aguantar conduciendo el órdago a la grande que tu hija (en ocasiones princesa, en ocasiones diablo de tazmania) ha decidido lanzarle a la mismísima barrera del sonido en el coche herméticamente cerrado con gritos agudos de sirena atlántica. Y así, llegamos al taller.

El serrín en las fosas nasales debe propiciar en los menores un efecto hipnótico porque en cuanto pisaron el taller, todos los males se pasaron ipsofacto, in situ y carpe diem (me plantearé esparcirlo por las estancias de casa de vez en cuando). Y todo transcurrió en un feliz clavar clavos, hacer caminos con el aire comprimido y mover maderas para ayudar a papá mientras yo retomaba mi eje de equilibrio espiritual. Y hacía fotos intentando pillarle el truco a la cámara que le he robado a mi madre.

A mi me gusta mucho ir con ellos al taller, porque les encanta y porque me veo importante que ellos comprendan a qué nos dedicamos, ya que es verdad que nuestro pequeño negocio está muy presente en nuestras vidas. Me gusta que vayan y que vean las herramientas con las que trabaja su padre, cómo se hacen los muebles, que puedan ponerle forma al proceso que sigue Javi cuando de repente les hace una cama nueva, una cocinita, un juguete… Porque si no parece que salen de la nada. Que entiendan bien qué es esto de la carpintería.

No porque el día de mañana quiera que sigan nuestros pasos (más bien los de Javi), que eso me importa poco y que si es será y si no es, pues no será. Sino para que puedan valorar el trabajo manual desde pequeños, que lo normalicen, porque creo que muchas veces está en inferioridad de condiciones frente al reconocimiento de otro tipo de oficios o estudios. Puede que sea una tontería pero espero que esto les haga más libres a la hora de elegir mañana su camino y que sean personas un poco más respetuosas al relacionarse con los demás. No sé, dignificar este tipo de trabajos. Chorradas mías de horas de insomnio y difíciles de explicar.  ¿Se me entiende?

Y también, me gusta que vayan porque creo que Manuela y Hugo están muy pegados a mi y pienso que necesitan construir una imagen bonita y sólida también de su padre. Que no es que no le quieran y le adoren (de hecho, no hay competencia en la faz de la tierra a la hora de jugar y bailar) pero necesitan también dedicarse este espacio mutuo los tres, en el que él es el protagonista indiscutible. No hay sitio en el que me sienta más en segundo plano y eso es bonito de ver desde fuera. Porque me da la libertad de dar un paso atrás y quedarme mirando apoyando la cabeza sobre los brazos cruzados encima de la barrera, dejándoles a ellos clavar clavos y cabrearse cuando se tuercen. Y mover maderas para ayudarle a recoger el taller hasta el próximo día. Y cerrar la verja con candado, para dejar el taller, nuestro taller familiar y por tanto también el suyo, a salvo hasta mañana. Y soplarse el serrín de los pantalones agachados en pandilla, mientras unos ríen y otros se asustan con el ruido horroroso del compresor.

Y tú, ¿qué rincones tienes reservados en el mundo?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *